La educación y la diferencia de clases
- 20 oct
- 2 Min. de lectura
Solo la educación garantiza el bienestar y la igualdad social
“Los sistemas educativos refuerzan la desigualdad en lugar de reducirla”, así, con esta contundencia se expresaba el Secretario General de las Naciones Unidas, Antonio Guterres, en octubre de 2022 en la Cumbre sobre la Transformación de la Educación, celebrada en Nueva York. Los actuales sistemas educativos perpetúan los roles sociales y las desigualdades dentro de un mismo país y, por supuesto, entre los diferentes países. Cuanto mayor es nuestro poder adquisitivo, con más facilidades contamos a la hora de formarnos y, consecuentemente, con más posibilidades de optar a mejores puestos de trabajo, de disfrutar de más oportunidades y de abandonar el sótano y el tragaluz desde el que atisbamos el mundo.

La situación de la educación a nivel mundial ya dejaba mucho que desear antes de la pandemia de COVID, ahora es mucho peor. Sistemas en los que la competencia por las calificaciones y la obligatoria necesidad de memorizar marcan el ritmo del aprendizaje dividen el mundo entre los que pueden y los que no, y en este segundo grupo, aún se agudiza más la diferencia de acceso a la educación entre niños y niñas. A esto se añade cómo la brecha digital penaliza a los y las estudiantes con menos recursos.
Durante la cumbre, a través de la Declaración de la Juventud, alumnos, alumnas y profesorado, agrupados en diferentes colectivos y asociaciones, invitaron a participar a los ministros y delegados de los diferentes países presentes a trabajar en la transformación de la educación mundial.
Entre las principales conclusiones del encuentro, Guterres, destacó cinco diferentes áreas que requerían compromisos urgentes: la necesaria defensa del Objetivo de Desarrollo Sostenible número 4, “Educación de Calidad”, para abordar la crisis del actual sistema de aprendizaje e insistir en que este pueda ser renovado a lo largo de toda la vida. En este punto, el Secretario General instó directamente al gobierno de Afganistán a finalizar con el no acceso a la educación secundaria para las niñas. También insistió en la carencia de suficientes maestros y profesores y la necesidad de que estos mantuvieran una actualización y formación permanentes; la conversión de las escuelas en verdaderos espacios seguros, donde no tuvieran cabida ni la violencia ni la discriminación; la alfabetización digital para profesorado y alumnado, como siguiente paso tras la globalización del acceso a Internet, y la necesidad de entender la financiación de la educación como una prioridad, tanto como ayudar en dicha inversión a los países de renta baja.
Nuestro siglo XXI precisa de una sociedad preparada, resolutiva y colaborativa, en la que la educación no se utilice como herramienta para perpetuar clases y roles sociales que nos alejan de la igualdad, la paz y el desarrollo. Guterres nos insta a respetar la ciencia y las humanidades en toda su diversidad para conseguir la coexistencia sostenible y solidaria en nuestro planeta. Es un reto importante, no solo para los gobiernos, los profesionales de la educación o los y las estudiantes, sino para toda la sociedad, ya que solo la educación garantiza el bienestar y la igualdad social, al tiempo que solo una población formada es garante del desarrollo económico y científico sostenible.



